Sábado, 06 Octubre 2012 14:12

Pan… bueno, rico, riquísimo.

A pesar de quienes se empeñan en desterrarlo de nuestra dieta, sigue siendo la base de nuestra alimentación.

Es uno de los alimentos más relevantes a lo largo de la evolución del hombre, razón de peso por la que no debe faltar en nuestro menú. Rico en hidratos de carbono, proteínas, fibra, minerales (fósforo, potasio y magnesio)  y vitaminas del grupo B, es uno de los alimentos más completos. Su variedad es tan grande que nadie puede resistirse a probarlo. No sólo es buen acompañante del plato principal, también es un excelente tentempié de mañana o tarde, que nos puede ayudar a mantener estables los niveles de azúcar en sangre, evitando estados de ansiedad que conllevan al picoteo entre comidas.

Los hidratos de carbono proporcionan energía y glucosa en sangre necesaria para mantener la actividad diaria. La fibra, además de saciar, contribuye a regular el tránsito intestinal y es rica en minerales. Y las proteínas, de origen vegetal, son de escaso valor biológico, pero se complementan con las de origen animal.

Es uno de los alimentos que más se ajustan al gusto del consumidor y  a determinadas patologías como la diabetes, la enfermedad de Crohn o el estreñimiento, ya que hoy en día su elaboración se adapta al consumo en alteraciones metabólicas o fisiológicas. La cereales utilizados en su elaboración son diversos, trigo, centeno, espalta, maíz, arroz, cebada,...Y además se les puede añadir otros ingredientes como pasas, frutos secos o semillas como el lino y el sésamo, que enriquecen aún más su valor nutricional.

En nuestra dieta no sólo no debemos eliminar el pan, sino que debe ser de obligado consumo y su ingesta debe incluirse en cada una de las comidas principales del día. Sólo así estaremos optando por una alimentación sana y equilibrada.

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