Infancia


La etapa de la infancia comprende de los 3 a los 12 años y se divide en dos periodos, de 3 a 6 años es la etapa preescolar y de 6 a 12 años la etapa escolar. 


En la etapa preescolar es fundamental una correcta educación nutricional, ya que constituye el comienzo de un periodo transcendental para la adquisición de unos hábitos alimentarios saludables. 

Durante el periodo escolar, el crecimiento y la ganancia de peso son lentos pero uniformes. Es una etapa de preparación para el desarrollo y crecimiento característico de la adolescencia.

En ambas etapas los niños requieren los mismos alimentos que los de menor edad, pero en mayor cantidad, para cubrir sus necesidades energéticas y nutritivas.

Los niños están en constante crecimiento y desarrollo de huesos, dientes, músculos,…Por ello requieren mayor proporción de nutrientes que los adultos en relación al peso.

Es primordial que padres y educadores sean conscientes de la importancia que tiene la alimentación en el escolar. Pero además, es fundamental su colaboración, de manera continua, en una correcta educación nutricional del niño.

  • La dieta debe ser variada y equilibrada, para evitar déficits nutricionales.

  • Los menús deben adaptarse a las características individuales, familiares y económicas.

  • A la hora de introducir nuevos alimentos debe hacerse progresivamente y al comienzo de cada comida, ya que es entonces cuando el niño tiene más apetito. Conviene insistir varias veces hasta que se acostumbre al alimento.

  • No deben utilizarse nunca los alimentos como premio o castigo, pues conduce a conductas alimentarias negativas (caprichos, rechazo o aversión a ciertos alimentos).

  • Si un niño no come en una comida hay que esperar a la siguiente toma para no perder el ritmo de los horarios.

  • Es importante conocer el menú del colegio para poder complementar con el resto de ingestas en casa.

  • Controlar el consumo de calorías vacías (golosinas, dulces,…) para evitar falta de apetito en las comidas principales.

  • El desayuno es una de las comidas más importantes del día. El niño debe levantarse con tiempo y dedicarse a las actividades de aseo y cuidado personal, para generar sensación de hambre. Debe incluir al menos un lácteo y cereales, y si además se añade una fruta o zumo natural, mucho mejor.

  • En el almuerzo o merienda, se debe favorecer la ingesta de frutas, productos lácteos y bocadillos preparados en casa, sin abusar de embutidos, patés y quesos grasos.

  • La comida constituye la principal toma de alimentos del día y es el momento de encuentro que favorece la relación familiar y la enseñanza o aprendizaje de hábitos saludables. Debe transcurrir en un clima tranquilo, sin interferencias como TV o radio y con un horario establecido. Se debe cuidar la presentación de los platos, temperatura, orden y limpieza en la mesa. La comida tiene que ser variada, completa y acorde a las necesidades del niño. Un  primer plato debe componerse de arroz, pasta, legumbres, ensaladas o verduras con patata. Aportan valor energético a través de los hidratos de carbono y son base fundamental para que las proteínas cumplan su función de formar tejidos y favorecer el crecimiento. Un segundo plato compuesto de carne, pescado (de 3 a 4 veces por semana) o huevos (hasta tres veces por semana), en cantidades moderadas, proporciona las proteínas necesarias para un correcto desarrollo. El postre debe incluir una fruta, alternando con productos lácteos sencillos como yoghourt o petit suisse. Se debe evitar el consumo de bebidas azucaradas comerciales, sustituirlas por zumos naturales, batidos caseros de leche o yoghourt con frutas y jamás se le debe ofrecer al niño una bebida alcohólica, aunque sea de baja graduación.

  • La cena constituye otro de los momentos tranquilos de encuentro alrededor de la mesa. Debe ser más ligera que la comida y lo antes posible, para que el niño pueda hacer correctamente la digestión y dormir bien.

Si padres y educadores eluden sus responsabilidades, el niño no rinde bien por la mañana a causa de una hipoglucemia, se atiborra en la comida porque llega con mucha hambre y dormita por la tarde en la escuela debido a una mala digestión.