Tercera edad


El envejecimiento conlleva cambios fisiológicos relevantes en cuanto a la alimentación: disminuye el apetito, se produce mala absorción de determinados elementos como calcio y hierro, disminuye la secreción digestiva, aumenta el estreñimiento, se pierden piezas dentales y se produce una intolerancia a la glucosa en personas que no eran diabéticas.

Las necesidades nutricionales son las mismas que en el adulto, salvo que se presenten trastornos metabólicos. 

La carencia de proteínas puede causar alteraciones cutáneas, edemas o fatiga. Debido a la disminución de la tolerancia a la glucosa, se recomienda el consumo de carbohidratos complejos y fibra, así como evitar la ingesta excesiva de sacarosa y lactosa. El 10-15% de las grasas debe proceder de alimentos como aceite de oliva, maíz o soja.

Debemos asegurar la ingesta adecuada de calcio debido a su mala absorción y un aporte de fósforo en proporción igual ya que este interfiere en la absorción del primero. Hay que proporcionar suplemento de hierro debido a una alta prevalencia de anemia causada por pérdidas de sangre intestinales y tener presente que el ácido ascórbico o vitamina C aumenta su biodisponibilidad y fitatos, fosfatos, salvados y antiácidos la disminuyen. Debido a la hipertensión se debe controlar ingesta de sodio y suplementar con magnesio y potasio para mejorar la diuresis.

Suele aparecer déficit de vitamina D por falta de exposición al sol y el ácido ascórbico se ve disminuido en personas con antecedentes de tabaquismo o estrés. También hay una carencia de zinc ligada a la disminución del aporte calórico y que repercute en el sistema inmunitario.

El consumo de fibra debe ser suficiente para evitar estreñimiento, pero controlada para no interferir en la absorción de otros nutrientes. La ingesta de agua recomendada es de 2 a 3 l diarios para evitar la deshidratación, muy común a esta edad debido a disminución del agua corporal y ligada a la reducción de masa muscular. 

La falta de apetito, problemas digestivos, malos hábitos alimentarios, dificultades económicas o impedimentos físicos, obligan a prestar especial atención a la alimentación en este colectivo.